domingo 13 de diciembre de 2009

Entrevista a Rosa Benéitez en DVD

Rosa Benéitez firma invitada en DVDediciones. La entrevista la conduce un Koala con acento español:






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viernes 4 de diciembre de 2009

El regreso de 7de7


7de7, una de las mejores revistas de poesía, comienza una nueva etapa. Arranca con poemas de Fruela Fernández y Olga Muñoz Carrasco y con textos de Javier Vela, Felipe Cussen y Juan Soros. Además, rescata una entrevista a José-Miguel Ullán realizada por Eloisa Otero. Todo ello bajo un nuevo diseño, más dinámico y flexible y con videos, fotos, noticias, eventos... En resumidas cuentas: motivo de celebración.


miércoles 5 de agosto de 2009

Elisa Biagini "En el bosque"








Elisa Biagini (1970) ha publicado entre otros libros de poesía Questi nodi (1993), Uova (1999. Edición bilingüe italiano-inglés), L´ospite (2004) y Nel bosco (2007), al que pertenecen los poemas aquí traducidos.

Además, destaca por haber sido una de las traductoras al italiano de poetas norteamericanos contemporáneos como Louise Glück, Lucille Clifton, Mark Doty, Cornelius Eady, Kimiko Hahn, Galway Kinnell, Sharon Olds, Alicia Ostriker o Robert Pinsky por citar algunos.

Ha comisariado y participado en varias exposiciones y ha colaborado con el músico Filippo Gatti, el coreógrafo Virgilio Sieni y con las artistas Francesca Ghermandi, Marina Gasparini y Renata Boero.



giro en torno

a la roca, al

tronco, de hueso

y hoja: mi puño

cerrado y nunca

más abierto.


*


mi pan

endurecido como

piedra, refleja

el ojo rojo,

el inicio del incendio

en este

bosque.


*


¿perdida? es el bosque

qué me sigue, qué bebe

mi sombra, me

vacía, cavidad arbórea:

yo hoja, entre las

páginas de un libro.





Traducción: Pablo López Carballo


jueves 30 de julio de 2009

Alberto Santamaría - Pequeños círculos



Estupenda reseña de Rosa Benéitez sobre Pequeños círculos, un gran libro.


R




LA CENA (EN EL POEMA)

Los pintores al menos tienen cosas. Pinceles
que limpian todos los días y que guardan en jarros
de loza y barro que ellos compran.
Carlos Martínez Rivas


como restos de un animal sobre la mesa
dividimos la piel
sus migas
el músculo que se contagia de metal nocturno
los pintores al menos tienen cosas es cierto
estas cosas una jarra de peltre sin asas
una huella
la melancolía tenaza del tiempo
hierba que mecánicamente se hace viento


estas cosas dijo mientras le entregaba su abrigo
y agitaba delicadamente sus dedos
para mostrar la ausencia de guantes
el tema no daba para más
durante un rato comieron en silencio
dos gatos salieron de alguna parte
para deslizarse como negro líquido
junto a las sillas



miércoles 29 de julio de 2009

Catálogo de incesantes- Marcos Canteli



Texto en Deriva


confluencia en Nostalghia

de la apreciación de las hojas (o pétalos que me vienen de Pound) al vientre de pájaros de la madonna alienta idéntica vela: por las ruinas de tu lengua cedes cuerpo a tu edad







y por naturaleza

la brizna contra esa plomada que todo lo pule Ì no rices, come arroz (como el monje), empata tu prestigio, no te rayes, ilumina Ì en el permanente deslomarse hacia la caricia, en el alambre Ì cumple lo cándido, amainando flojo en movimiento, luego del murmullo


viernes 3 de julio de 2009

Haroldo de Campos- "HAMBRE DE FORMA"


COMER O NO COMER






Reseña publicada en el número 308/9 de la Revista Quimera, pág. 108


El espacio en el poema es una de las obsesiones que han mantenido en alerta a poetas de diversas épocas. La obra de Haroldo de Campos (1929-2003) es un claro ejemplo de apropiación espacial y de cómo radicalizar la forma al servicio del sentido, hasta sus últimas consecuencias. Opone el poeta brasileño la precisión, lo objetivo y lo reflexivo frente al sentimentalismo, lo irracional y lo inspirado. Con este aliento inició el movimiento concreto, bajo el nombre de Noiganbres junto a Décio Pignatari y Augusto de Campos al principio de los años cincuenta. Un movimiento que logró encontrar apoyos en todo el mundo y que vinculó a la poesía con otras artes como la música (Cage, Webern o Stockhausen) o la pintura (el neo plasticismo de Mondrian), acercándose a la conformación del poema-objeto que tanta influencia tendría después. Haroldo configuró su propia tradición textual, uniendo a Arnau Daniel, Pound, Mallarmé, Marianne Moore o Joao Cabral de Melo Neto entre otros.

Esta autonomía textual es la que mueve toda la obra de Haroldo siendo sus libros reflejo de los diferentes avances. A finales de los años sesenta comienza a disolverse el concretismo como grupo y Haroldo, después de este periodo de aprendizaje y toma de conciencia de la dimensión espacio-visual del poema y de los límites del lenguaje, opta por no encerrarse en planteamientos preconcebidos. Inicia nuevas líneas de creación que le llevarán primero a reunir sus composiciones en Ajedrez de estrellas (1976) y posteriormente a indagar en el barroco con Signantia: Quasi coelum (1979). El momento culminante de este rescate del barroco se produce con Galaxias (1984), un libro de vital importancia para muchos poetas hispanoamericanos de los años ochenta y noventa. La palabra se apodera aquí de la página y la cubre por completo. El flujo lingüístico basado en el hallazgo fónico y semántico fusiona los registros, los géneros y las diferentes lenguas que combina en el texto. Como señala Fisher refiriéndose a Signantia, en este periodo de finales de los años setenta y principios de los ochenta se impone en la obra de Haroldo “la superposición de elementos diversos sin orden ni concierto”. Sin embargo el sentido del texto sigue estando vigente y por eso no sorprende el retorno al verso corto en La educación de los cinco sentidos (1985), manteniéndose las referencias culturales e intertextuales, así como la preocupación metapoética.

La síntesis absoluta de sus planteamientos llega con Crisantiempo (1998), donde el poeta desarrolla de forma conjunta y madura todas sus proyecciones.

En su último libro, La máquina del mundo repensada (2000) retoma la experimentación de formas métricas y estróficas fijas, utilizando un terceto que Dante desarrolló en la composición de La Divina Comedia. Supone una vuelta a sus orígenes, a Auto de poseso (1950), donde Haroldo de Campos había reaccionado contra el clasicismo, desmontando sus propias formas desde dentro y dando un toque de atención hacía las nuevas posibilidades que desarrolló después.

La edición de Hambre de forma corre a cargo de Andrés Fisher, que sitúa al poeta en el panorama brasileño, hispanoamericano y mundial desde el prólogo. Además de firmar la mayor parte de las traducciones, coordina las aportadas por los poetas Eduardo Milán, Roberto Echavarren, Daniel García Helder, Reynaldo Jiménez, Marcelo Pellegrini y Néstor Perlongher y el ensayista Gonzalo Aguilar. Optan por un criterio que se aproxima a lo literal, obteniendo buenos resultados gracias a la cercanía de las lenguas. En ocasiones esto no es buena solución, como por ejemplo en la traducción de Fisher de “buraco” por “buraco” (Pág. 126) en lugar de agujero. Debería prevalecer el funcionamiento de la lengua de destino como hacía Haroldo con su transcreación, atendiendo a la forma nueva en la que se compone. Destacan los hallazgos de Milán, que plasma soluciones como el neologismo semencia (Pág. 149) y el de Gonzalo Aguilar, para traducir “mó” y “pó” (112) por “muela” y “molido”, en lugar de muela y polvo, ofreciendo así un enriquecimiento de sentido.

Pablo López Carballo

lunes 22 de junio de 2009

José-Miguel Ullán en el desván


Me encuentro con un ejemplar de “Diario 16” del 18 de Agosto de 1985. Dentro del suplemento "Culturas" está este mapa:








Hoy día se dice que los suplementos culturales han cambiado porque la gente ha cambiado. Parece mentira, pero las noticias de portada son las mismas que podemos ver en cualquier diario de estos años! ETA reivindica un atentado; a vueltas con el aborto (una joven quiere que sea legal alegando problemas psicológicos); un ex-presidente que dice/hace cosas (Suárez en este caso, hoy día se dice "hacer campaña") que no cambian nada; Hacienda asegura que hay más de nueve billones no declarados; Madonna se casa en una playa de Malibú; un atraco en Barcelona a través de 400 metros de galerías subterráneas cavadas para llegar a la sucursal; Tita Cervera y el barón Thyssen son ricos y felices en su boda.


En el suplemento hay otras cosas:


Claudio Rodríguez afirma que “si yo fuera del Partido Comunista, me expulsarían por falta de producción”. Julio Llamazares anuncia en Pamplona, que al terminar su libro Retrato de un bañista no escribirá más poesía. Entre varias noticias literarias aparece la lectura-presentación pública (todavía no en libro) de la segunda entrega del proyecto Larva de Julián Rios, homenaje a Ezra Pound, que hoy día conocemos con el título de Poundemonium. Francisco Iradier relata cómo “los oyentes se tiraban al suelo de risa. Sólo un poeta navarro le acusó de solipsismo. Y Julián Rios replicó: Insista usted mismo, insista, y a lo mejor encuentra el sol. Sonrisa soleada del acusador”.

Para otro día dejo las Tablas DELAVAR, ahora copio unas palabras que Iradier rescató de unas declaraciones de Borja Casani referidas a la movida madrileña: “Su descripción de lo ocurrido en los últimos tiempos era no por realista menos patética: manía colectiva por ser artistas, la ignorancia profunda como eje de salvación tribal, gente dedicada al pillaje de subvenciones y a chollos demenciales, ganas patológicas por SALIR a costa de lo que fuese... Prometió dedicarse [Casani] profesionalmente a una lucha frontal para que la cultura se pase de moda”.


Tita Cervera no ha cambiada nada, sigue rica y feliz, con las mismas arrugas. Tampoco el resto ha cambiado mucho, salvo los suplementos y la irremplazable pérdida.




sábado 20 de junio de 2009

FELIZ HUMO- JAVIER CODESAL



Sospechábamos de los objetos
que entraban o salían de sus manos


*

Sábanas
sin nada más que algodón
pero con el poder absoluto
del juez

*

El movimiento de aquel cuerpo sólido
a punto de pasar al aire
resonaba sobre los tímpanos del ojo
quería fundirlos

Olía a siega el borde de la pradera de césped
a humo el aire aunque era domingo
otros desprendimientos como la luz
o el dolor

*

Mudos a la hora de comer
dos tenedores compiten en romper el ritmo
si éste sube baja aquel

El alimento nunca sufre esos combates
nuestro apetito lo salva
su destino final lo libra







jueves 18 de junio de 2009

Eugenio Montejo- Terredad





PÁJAROS

Oigo los pájaros afuera,
otros, no los de ayer que ya perdimos,
los nuevos silbos inocentes.
Y no sé si son pájaros,
si alguien que ya no soy los sigue oyendo
a media vida bajo el sol de la tierra.
Quizás es el deseo de retener su voz salvaje
en la mitad de la estación
antes que de los árboles se alejen.

Alguien que he sido o soy, no sé,
oye o recuerda,
si hay algo real dentro de mí son ellos,
más que yo mismo, más que el sol afuera,
si es musical la fuerza que hace girar el mundo,
no ha habido nunca sino pájaros,
el canto de los pájaros
que nos trae y nos lleva.



EL ESCLAVO

Ser el esclavo que perdió su cuerpo
para que lo habiten las palabras.
Llevar por huesos flautas inocentes
que alguien toca de lejos
o tal vez nadie. (Sólo es real el soplo
y la ansiedad por descifrarlo.)

Ser el esclavo cuando todos duermen
y lo hostiga el claror incisivo
de su hermana, la lámpara.
Siempre en terror de estar en vela
frente a los astros
sin que pueda mentir cuando despierten,
aunque diluvie el mundo
y la noche ensombrezca la página.

Ser el esclavo, el paria, el alquimista
de malditos metales
y trasmutar su tedio en ágatas.
en oro el barro humano.
para que no lo arrojen a los perros
al entregar el parte.


COLORES

Y bien, queridos colores, os saludo.
Carlos Pellicer

Eran cuerpos negros en un aire blanco
y blancos en un aire negro,
la luz musicalmente los unía.
El trópico fue siempre otro planeta.

En sus ojos crecieron las retinas
más contraídas de la tierra,
miraban los deseos del azul,
la soledad del verde.

El mar tendido ante sus costas
no cesaba de orearse.
Nunca el invierno se llevó las hojas
ni el rumor de los bosques.
Soñaban un Partenón salvaje
entre sus palmas.

En sus voces hablaban los pastos
batidos por el viento,
era vivible un paso de arco iris
tras de cada palabra.

Buscaban a Dios en las cosas
bajo una forma de color,
eran cuerpos negros en un aire blanco,
blancos en un aire negro,
jamás faltó la luz para mezclarlos.
El trópico fue siempre otro planeta
muy lejos de este mundo pero cerca del sol.





domingo 14 de junio de 2009

JACOPO RICCIARDI


Jacopo Ricciardi (Roma, 1976)
es de entre los poetas jóvenes italianos uno de los más interesantes. Además de la novela
Will (Campanotto, 1997) ha publicado seis libros de poesía, Intermezzo IV (Campanotto, 1997), Ataraxia (Manni, 2000), Atòin (Campanotto, 2ooo), Scultura (Exit Edizioni, 2002), Poesie della non morte (Libri Scheiwiller, 2003), Colosseo (Anterem Edizioni, 2004) y Plastico (Il Melangolo, 2006), al que pertenece el siguiente poema:


y la escritura es densa

en el cuerpo de las cosas, yo

sé dónde me encuentro, ahora,

porque sé dónde se encuentra

la escritura, como sangre filtrada

en el objeto, ella comienza a

habitar las cosas del mundo,

es ella la que se transforma,

la que se desarrolla, delante de

mi, llevada en la punta o

en el margen de esta línea

que se frena aquí, y 

que procede, tocando con más

fuerza la mirada, tenso verso

el folio, la escritura atraviesa

el ojo, y sola como

una imagen en la mente, la

imagen tiene la forma de

un texto, ya creado, que

dice desvanecerse con el ojo

la mirada en las cosas, y

permanece un conjunto de escritura

en aquel lugar como un

objeto, al borde del agua

en el margen, en el pelo

oscuro y denso donde se

enredan las estrellas, en el cráter

negro y secreto, en la idea

tranquila apoyado como un vaso

en el borde del balaustre, al

aire libre, tú miras el

rojo de la puesta de sol

que despunta, la estancia amarilla iluminada

por el ocaso, las montañas como

sombras celestes, la vida se

despliega, irrumpe abriéndose con 

sus alas hasta la materia

del ojo, refiere al

futuro su secreto inencontrable,

y el sol es más

amarillo cerca del horizonte, y

la estancia blanca con su

sombra y las montañas

son las colinas de

verde tan oscuro, y la

bahía donde el agua tranquila

oscila plácidamente sobre sus márgenes,

y es ya memoria de

nuestras dos manos estrechadas

entre nosotros, con la

mirada revuelta, cada uno salimos

al paso de lo que toca

aquel último rallo de sol,

más verdadero, sin tiempo, sin

espacio, el rallo aquel 

que enviste la luz,

vuelve a pasar y termina

en el mismo punto, en la misma luz,

y nada más se apaga,

mar coloreado de mar,

luz elíptica, sobrepasa la escritura

la escritura, incluso las estrellas,

todo está iniciado, igual


Jacopo Ricciardi

Traducción: Pablo López Carballo

sábado 13 de junio de 2009

Olvido García Valdés. "Esa polilla que delante de mí revolotea" Poesía Reunida (1982-2008)

Como quien enhebra agujas o dirime pájaros


Reseña publicada en el número 307 de la Revista Quimera. Págs.74-75


El ojo abierto al mundo. La poesía como modo de estar y esperar. Las cosas acaban por ocupar el vacío que propicia el poeta y el blanco de la página, que se convierten así en testimonio en el poema. Esta es la opción que encontramos en los poemas que componen Esa polilla que delante de mí revolotea. En este volumen, Olvido García Valdés reúne su poesía publicada desde 1986, hasta el  reciente Y todos estábamos vivos, que le valió el  Premio nacional de Poesía en el año 2007. Completan la compilación once poemas inéditos y cinco ensayos breves. En ellos, la poeta reflexiona sobre la escritura llevada a cabo en cinco momentos diferentes de su trayectoria.

Su poesía reunida está estructurada cronológicamente. Bajo el título de La caída de ícaro (1982-1989. Fechas de escritura) aglutina sus dos primeros poemarios, El tercer jardín y Exposición, aunque con alguna supresión y un orden diferente. En este sentido, ya desde estas publicaciones iniciales se conforma una de las características principales de la obra de García Valdés: la superposición. Sus libros no se suceden unos a otros, sino que establecen esta especial relación, que puede verse también en el interior de sus poemas. Así, los diferentes estratos se superponen dibujando un paisaje complejo. Dentro de este entramado compositivo, se desarrolla como efecto del mismo, un determinado juego entre el mostrar y el ocultar, presente en casi todos los poemas. Algo a lo que Eduardo Milán hace referencia en su lúcido e inteligente prólogo, como factor a tener en cuenta. En este desenvolvimiento de los versos se hace tremendamente necesario que la luz del trazo poético nos guíe en sus textos. Sería ésta una tarea muy próxima al quehacer pictórico, donde el color y la forma determinan y condicionan la percepción. 

Estos poemas, escritos por Valdés en los años ochenta, dan perfecta cuenta de esta clara determinación poética que busca la confrontación dentro del escrito con un  “otro”, que ayude a sustentar la composición:  “El cuerpo como otro, / y otro paisaje, otra ciudad; / atardecer ante las piedras / más dulcemente hermosas / que has visto, / piedras de miel como luz”.

Desde la quietud que propicia la observación surge su siguiente libro Ella, los pájaros (1989-1992), en el que la búsqueda se centra en el movimiento que decantará hacia alguna de las infinitas posibilidades el lenguaje en el poema. La respiración rítmica se revela aquí como forma indispensable y vinculante de todas los textos de este periodo. Este golpe rítmico se genera gracias a la pregunta por el propio “yo” o sujeto,  que provoca la necesidad indagatoria. La presencia y el desconocimiento vertebran los poemas que giran en torno a la cuestión del “Uno”, como determinación del propio individuo, antes que a la condición de género o cualquier otra construcción cultural: “Tras el cristal, se desconoce / el cuerpo, como un hijo / que crece, como si jugara / y de pronto fuera desconocido. / Coloca entonces / tu mano en el estómago, / la palma abierta, y respira / profundo”.

De este modo, ante el derrumbe de las certezas que proporcionaba determinada concepción del individuo, la única solución servible es la indagación del afuera y la continua repetición de las preguntas sobre éste. Desde esta nueva posición surge Caza Nocturna (1992-1996). Ya desde el título comprobamos cómo sigue vigente el cuestionamiento por el estar, la espera del movimiento, la luz, la forma y todas las características  presentes en sus anteriores libros, que hacen de éste un momento culminante en su escritura. Con él cierra un periodo y comienza otro que podría calificarse de madurez. En los poemas de Caza nocturna las preguntas no obtienen respuestas, ni tan siquiera una vaga completud, sino que en este caso, el esbozo se propone como único resultado posible. Si bien podríamos rastrear esta práctica en ciertos momentos de su producción anterior, es a partir de este momento cuando se intensifica y se convierte en un rasgo clave de la poesía de García Valdés. De ahí que los poemas carezcan en muchas ocasiones de puntuación final o indicadores iniciales como las mayúsculas. Así, el poema surge in media res, sin destalles de su origen, y concluye sin finalización concreta. Una escritura fulgurante que supone una verdadera lección de cómo captar “lo que aflora / lo que hasta la superficie llega”. El trabajo de la poeta ante el texto es el de eliminar todo lo que sobra hasta conseguir la fulguración, y hacer que “las palabras alcancen a las cosas”, como dice en uno de sus textos dedicados a la reflexión poética (“De la escritura”). Este afán de búsqueda de lo básico, lo determinante y lo esencial es de donde parte la necesidad de enfrentar el lenguaje cotidiano, con todo lo que le pueda salir al paso, por muy elevado o complejo que pueda parecer a priori. En este sentido, podría verse una clara mezcla de registros, así como de términos, que la poeta arrastra desde la infancia en su Asturias natal.

Por otra parte, en Del ojo al hueso (1997-2000) se ratifica la voz de García Valdés. El afuera y el interior se entrecruzan de manera definitiva y definitoria en esta ocasión. Si bien en toda su producción es patente el hecho de que no existen elementos previos al poema, sino que se construyen en él, es en sus últimos trabajos, de finales de los noventa y principios del siglo XXI, cuando este mecanismo se deja ver desinteresadamente en su escritura. Visibilidad ésta, que otros aspectos que se encontraban en un segundo plano aprovechan ahora para salir más a flote que en anteriores publicaciones. Así, el lenguaje cotidiano se deja ver más libre y aparentemente menos dirigido que antes. También adquiere notoriedad la unión de pensamiento y emoción, atendiendo a los avatares poético-vitales que regula García Valdés.  

Encontramos en Del ojo al hueso, el apartado “del libro de los líquenes o el decir”, donde la poeta desarrolla en forma de diario la tarea de enfrentarse a su propio habla. Este enfrentamiento da como resultado una crisis sobre el decir: “que puro el rostro de la pena o de la alegría cuando el habla que lo acompaña se ha desmembrado en sílabas y balbuceos, en una fonética exenta”. Además, de este decir aflora la pregunta sobre el poema en “los mecanismos de quien avanza en el proceso de pérdida del habla (y de la memoria y la capacidad de atención, pero conserva, en cambio, los hilos de los afectos)”. Toda crisis es fructífera y en todo poeta necesaria. En este caso genera como respuesta todo un libro cargado con el sentido de su propia existencia. 

Por último, en Y todos estábamos vivos (2001-2005), despliega García Valdés una mirada renovada que hace de su ojo una placa de resonancia. Su mirada se deja caer de un lado a otro esperando que las cosas ocupen su lugar en el poema: “Nada / mejor que hacer que mirar pájaros, / si no es mirar árboles, / ahora que son ramas de grumos, materia / de luz tierna casi líquida, / vegetal y violenta, buena / para comer y morir.” Dentro de esta aparente calma, entre lo común de las situaciones, surge la irrealidad que comenta García Valdés en sus primeras notas del apartado “De la escritura”: “A veces me acometen crisis de irrealidad […] no quien soy, sino si estoy. ¿Dónde vivimos? (el plural acoge a muchos pero solos.) No dónde se nos ve, se nos encuentra sino dónde nos sentimos vivir”. Es precisamente esta irrealidad la que da título al conjunto de su obra “Es por esta / irrealidad, Esa polilla / que delante de mí revolotea”, tomado de su libro Caza nocturna. Y de esta manera es como Olvido García Valdés ha conseguido un lenguaje propio y valioso, marcando desde lo visto y lo percibido una línea de indagación pegada a lo cotidiano.

Pablo López Carballo


martes 2 de junio de 2009

Harry Martinson, "Entre luz y oscuridad"






LAS VERDADES DEL SILENCIO

En privado y en silencio.
O están allí
o no están.
No se ven.
Entonces sería fácil.
Son importantes
precisamente porque no se basan en réplicas ni contragolpes.
Se basan en la verdad que tienes en ti mismo
y en la honradez con la que sientes tu silencio.
A la larga son ellas las que son decisivas en todas las pequeñas habitaciones
en el infinito número de pequeños cuartos en todos los países.



NOCHE DE INVIERNO

Escuchábamos los ruidos exteriores: eran los hielos.
Encadenados en la cárcel del frío habían comenzado a mugir.
Querían liberarse del abrazo que los tenía presos
pero pronto se cansaron
como alguien confiesa algo obligado por el potro del tormento.
Luego volvió a hacerse el silencio
y el invierno mantuvo su imperio.



MUNDO NO CONTADO

El todo no se cuenta.
Cae como hojas y nieve,
se arremolina como nubes de mosquitos
anda errante como ejércitos de hormigas.
Las multitudes incontadas de hierba
se levantan, saludan en su sequía
a la multitud incontada de la lluvia.
Y los soles del Universo
-pensad dolo en esto-
son más numerosos que las hormigas y hojas del bosque.
Una cosa sabemos:
el Universo no se cuenta.
A través de las multitudes de átomos
los ángeles como finas chispas del Universo en coro
respira el Dios de lo eterno,
incontado y eterno,
enigma y multitud.
Sin embargo de esto no deducimos
nada sobre el Dios del orden.
Solo nos asombramos, nos horrorizamos.
Empezamos a ordenar y contar.


domingo 31 de mayo de 2009

Daniel Samoilovich- "Molestando a los demonios"









NO PINTAR

El reflejo de los juncos en el lago
es verde claro, alrededor el violeta

indica la zona de menor profundidad, el azul
es ya la marca del abismo. Me resisto

a abrir la caja de papel y los pinceles.
Es bonito pintar y es bonito no pintar.

Dejar que la vida transcurra,
respirar: en el doble movimiento

de aspirar y espirar
está el juncal, su reflejo y sus flores que nunca florecen.

(Ni en el juncal ni en el reflejo florecen,
cabecitas que piensan- no piensan.)

Es bonito pintar y es bonito no pintar.
La vida es verde y es marrón,

mi mirada hace las veces del hondo azul,
mi tristeza el violeta de las aguas someras

que el pescador evita a fin de no enganchar
el anzuelo en las aguas del fondo.




AVISPAS DEL DELTA DEL HUE

Cuatro alas, media vida: surgen
donde la inquietud excesiva del verano

adensa tanto el aire que se forman
grumos, cuerpos llenos de ángulos,

alas llenas de venas, un hilo
casi imposible uniendo el tórax

con el abdomen. ¿Cómo podría
un líquido o un impulso eléctrico

pasar por ese hilo tan delgado
de la cabeza al aguijón?

Son poco más que una idea o signo
de exclamaciones, dos o tres golpes de pincel,

de todos modos, se sabe, no es mucho
lo que tienen que durar.



EL ERROR

Dejé a mis sirvientes los dudosos palacios,
me traje solamente tres arcones

con libros, tinta y papel: pero vine
también yo, ése fue el error.





jueves 28 de mayo de 2009

MARIO LUZI- Senior




ANCIANO


Para los viejos

todo es demasiado.

Una lágrima en la abertura

de una roca puede vencer

la sed cuando es complicado . El final

y la vigilia del fin piden y preguntan

poco, hablan bajo.

Pero nosotros, en la cumbre de la edad,

en el horno del tiempo, ¿nosotros? Piénsanos.


Pertenece al libro Dal fondo delle campagne, 1965. Todavía inédito en español.